Qué preguntar antes de encargar una web
Qué preguntar antes de encargar una web se resume en diez cuestiones: a nombre de quién queda el dominio, qué incluye exactamente el precio, cuánto cuesta mantenerla al año, qué plazo real tiene y si puedes llevártela a otro proveedor. Con esas respuestas por escrito antes de firmar, casi ningún susto de los habituales llega a producirse.
Antes de mirar precios: qué quieres conseguir
«Quiero una web» no es un objetivo; «quiero que me entren reservas sin descolgar el teléfono a las once de la noche» sí lo es. No es un matiz de redacción: esa respuesta cambia el número de páginas, cambia lo que hay que escribir y cambia el presupuesto entero, así que sin ella no hay forma honesta de darte un precio ni de que tú compares dos. Antes de pedir nada, deja escritas dos cosas, aunque sea en una nota del móvil. La primera, qué quieres que haga la persona que llegue: llamarte, reservar una hora, pedirte presupuesto o comprar. Elige una acción principal y ordena el resto por detrás; una web que pide cinco cosas a la vez no consigue ninguna. La segunda, a quién le hablas. No vale «a todo el mundo»: no se escribe igual para un particular que busca a alguien de confianza para entrar en su casa que para una empresa que va a pedir tres presupuestos y compararlos en una hoja de cálculo. Si aún dudas de qué necesita tu caso concreto, empieza por qué tiene que tener la web de un autónomo, que entra en qué páginas hacen falta de verdad y cuáles sobran. Con esas dos respuestas en la mano, las diez preguntas que vienen después dejan de ser una lista genérica y se convierten en tu criterio para decidir.
La carpeta que preparas tú antes de pedir presupuesto
Buena parte de los retrasos y de los sobrecostes no vienen del proveedor: vienen de que el material tarda seis semanas en llegar. Quien te haga la web no puede inventarse tus servicios, tus precios ni tus fotos, y cuando el contenido no aparece el proyecto se queda parado con la factura ya emitida. Prepara una carpeta antes de la primera reunión y llévala contigo. No hace falta que esté redactada bonita: hace falta que esté completa. Un listado de servicios con lo que incluye cada uno, tus fotos reales y una idea clara de a qué cliente te diriges valen más que cualquier formulario de briefing. Y conviene hacerse una pregunta antes de gastar: ¿es la web lo primero que necesitas? Hay negocios a los que les rinde más ordenar antes la ficha de Google, la forma de coger las citas o el sitio donde guardan los datos de sus clientes; el orden razonable está en por dónde empezar a digitalizar un negocio. Si la web es el siguiente paso, adelante; si no lo es, te ahorras hacerla dos veces. Sobre las fotos, un aviso: las de banco de imágenes se reconocen a la primera y restan justo lo que la web tiene que dar, que es confianza.
- Los servicios que vendes, con lo que incluye y lo que no incluye cada uno
- A quién te diriges y qué duda concreta trae esa persona cuando te busca
- Fotos tuyas: trabajos terminados, equipo, local o herramientas, nunca banco de imágenes
- Textos que ya tengas aunque estén sin pulir: presupuestos, respuestas de WhatsApp, folletos
- Datos fiscales y de contacto exactos, escritos igual que en tu ficha de Google
- Los accesos que ya existan: dominio, alojamiento, correo y ficha de Google, con sus contraseñas
Las cinco preguntas sobre lo que estás comprando
Estas cinco se hacen en la primera conversación y se responden sin incomodidad. Si alguna genera evasivas, ya has aprendido algo. La del dominio es la más importante y la que menos gente hace: el dominio es la dirección de tu negocio en internet y tiene un titular registrado con nombre y apellidos. Si ese titular es tu proveedor, el día que os separéis no te llevas nada, y esa conversación se tiene siempre en el peor momento posible. La del alcance viene justo detrás, porque «una web» puede ser una página o quince, con los textos escritos por ti o por ellos, con tus fotos o con una sesión incluida; sin ese detalle por escrito, comparar dos presupuestos no es que sea difícil, es que es imposible. La cuarta pregunta filtra a media industria en un minuto: no pidas una lista de logos, pide dos direcciones de webs que hayan hecho ellos para negocios parecidos al tuyo y ábrelas desde tu móvil, con datos, como las abriría un cliente. Así entendemos el diseño web para autónomos y negocios de servicios: antes de hablar de números, hay algo que mirar.
- ¿El dominio queda registrado a mi nombre?
- ¿Qué incluye exactamente el precio: cuántas páginas, quién escribe los textos, de dónde salen las fotos?
- ¿Cuánto costará mantenerla al año y qué cubre ese importe?
- ¿Puedo ver trabajos vuestros en negocios como el mío?
- ¿Puedo ver algo antes de pagar?
Las cinco preguntas sobre lo que pasa después
El día que se publica la web no termina nada: empieza la parte larga. Una web es software conectado a internet, y eso necesita mantenimiento aunque tú no toques nada: actualizaciones, copias de seguridad, la renovación del dominio y del alojamiento, y alguien que lo mire el día que algo deja de funcionar. Que un presupuesto no mencione el mantenimiento no significa que no exista; significa que todavía no sabes quién lo paga. Pregunta qué cubre exactamente esa cuota, qué ocurre si dejas de pagarla (¿la web sigue en pie?, ¿se cae?, ¿pierdes el correo?) y con cuánta antelación se avisa de las renovaciones. La otra mitad son los cambios. Cambiar un precio, subir tres fotos nuevas o añadir un servicio son cosas que vas a querer hacer sí o sí, y conviene saber de antemano si las haces tú desde un panel, si las hace tu proveedor y en cuánto tiempo, y si van incluidas o se facturan aparte. La última pregunta cierra el círculo: si mañana quieres cambiar de proveedor, ¿te llevas la web, los textos y las fotos? Si la respuesta es que no, no estás comprando, estás alquilando. Alquilar no tiene por qué ser mala idea, pero tienes derecho a saberlo antes de firmar y no dos años después.
- ¿Qué plazo real tiene el proyecto y de qué depende que se cumpla?
- ¿Quién se encarga de los cambios una vez publicada y en cuánto tiempo se hacen?
- ¿Viene con lo básico de SEO: velocidad, Google Search Console y ficha de Google?
- ¿Qué cuesta añadir algo nuevo dentro de un año, como una página o un servicio más?
- ¿Qué pasa si un día quiero llevarme la web a otro proveedor?
Cómo comparar dos presupuestos que parecen iguales
Llega el momento en el que tienes dos documentos delante con una cifra parecida y la sensación de que ofrecen lo mismo. Casi nunca ofrecen lo mismo. La forma rápida de verlo es abrir una hoja con una columna por presupuesto y rellenar solo tres filas: cuántas páginas entran, quién escribe los textos y qué se paga el segundo año. Con esas tres filas, la mayoría de los empates se deshacen solos. El resto del trabajo es traducir. Los presupuestos de este sector se escriben con fórmulas que suenan bien y no comprometen a nada, y pedir que las concreten no es desconfiar: es entender qué estás comprando. Un proveedor serio agradece la pregunta, porque le ahorra un malentendido dentro de seis meses. Lo que de verdad separa a dos presupuestos casi siempre está fuera del precio: qué ocurre cuando el proyecto se complica, quién responde el mes catorce y si lo entregado es tuyo o sigue siendo suyo. Lo que encarece y lo que abarata cada partida está desglosado en qué determina el precio de una página web. Y una regla práctica que ahorra disgustos: no compares precios totales, compara precios por lo mismo. Si uno incluye los textos y el otro no, la diferencia no es el descuento que parece; es el fin de semana que vas a pasar escribiendo.
| Lo que te contestan | Qué significa de verdad | Qué hacer |
|---|---|---|
| «Del dominio nos encargamos nosotros, tú no te preocupes» | El activo más importante puede acabar registrado a nombre de otro | Pide ver la ficha del registro con tu nombre y tu correo antes de pagar |
| «Páginas ilimitadas» | No hay alcance definido, así que no hay nada que comparar | Pide por escrito cuántas páginas y cuántos textos entran en el precio |
| «SEO incluido» | Puede ser rellenar los títulos una tarde o un trabajo mensual | Pregunta qué tareas concretas, quién las hace y con qué frecuencia |
| «Te la tengo lista en 48 horas» | Plantilla rellenada sin haber entendido tu negocio | Pregunta qué te van a preguntar antes y cuántas revisiones incluye |
| «Mantenimiento incluido el primer año» | El coste real aparece en el segundo año, cuando ya no puedes moverte | Pide el precio del año dos y qué cubre: copias, actualizaciones y cambios |
Plazos razonables y señales de alarma
Con los plazos hay una confusión que sale cara: la mayor parte del tiempo de una web no se va en programarla, se va en el contenido. Las webs se retrasan del lado del cliente mucho más de lo que se retrasan del lado del estudio, así que no preguntes solo cuánto tarda, pregunta también qué necesitan de ti y para qué fecha. Una web de servicios normal se mide en semanas, no en meses; si el plazo se va a meses sin que nadie te explique por qué, o si te la prometen para pasado mañana sin haberte preguntado nada de tu negocio, en los dos casos falta información. Pide un calendario con dos o tres hitos y qué tiene que estar entregado antes de cada uno. Las señales de alarma, en cambio, son pocas y se reconocen enseguida. Un proveedor que no puede enseñarte webs hechas por él y en su lugar te enseña plantillas o trabajos ajenos. Un contrato donde el dominio o el alojamiento figuran a nombre del proveedor sin que nadie te lo haya explicado. Un precio cerrado dado en cinco minutos, sin haberte preguntado qué vendes ni a quién. Y la urgencia usada como argumento: descuentos que caducan el viernes, plazas que se acaban. Nada de eso tiene relación con hacer buenas webs. Nosotros preferimos ahorrarnos esa discusión: te enseñamos la web terminada y decides con ella delante. Y si estás en Madrid y prefieres verla en persona, mira cómo trabajamos el diseño web para negocios de Madrid.
¿Quieres aplicar esto en tu empresa?
Conoce nuestro servicio de diseño web para autónomos y negocios
Hablemos sin compromiso