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¿Cuánto cuesta una página web en 2026?

Cuánto cuesta una página web depende de qué haya debajo del encargo. Como rangos orientativos del sector: hasta 500 € una plantilla, entre 800 € y 3.000 € la web profesional de un autónomo o un negocio de servicios, y más de 3.000 € cuando hay funciones a medida. Súmale entre 100 € y 400 € al año de dominio y alojamiento.

Equipo ViralBeeRevisado el 8 min de lectura

Por qué los presupuestos de una web varían tanto

«Una web» no es un producto: es una etiqueta que tapa trabajos muy distintos. Por eso la pregunta de cuánto cuesta una página web no tiene una respuesta, sino tres o cuatro, según lo que haya debajo. Puede ser una plantilla montada en una tarde o un proyecto con estructura pensada, textos escritos uno a uno, fotos propias, velocidad cuidada y un formulario que de verdad llega a tu correo. Entre esos dos extremos caben presupuestos de 300 € y de más de 10.000 €, y los dos pueden ser honestos: lo que cambia no es el margen de quien la hace, es la cantidad de horas y de decisiones que hay dentro. Ayuda saber que tener web ya no te distingue de nadie. Según el INE, el 84,5 % de las empresas de diez o más empleados con conexión a internet disponía de sitio web en el primer trimestre de 2025. Estar es lo normal; lo que marca la diferencia es si la tuya explica bien lo que haces y consigue que te escriban. Ese es el criterio con el que hay que leer cualquier cifra: no «cuánto me cuesta», sino «qué me trae». Y si todavía dudas de si te hace falta o te apañas con redes, resuélvelo antes de pedir presupuestos: lo tienes comparado en cuándo Instagram basta y cuándo necesitas una web. Encargar una web solo por tenerla es la forma más segura de que te acabe pareciendo cara, cueste lo que cueste.

Los tres rangos reales del mercado español

En el mercado español conviven tres órdenes de magnitud, y conviene mirarlos como rangos orientativos del sector, no como tarifas cerradas. Hasta 500 €: plantillas autoinstaladas, constructores por suscripción o encargos sueltos de marketplace. Sirven para existir y para tener una dirección que dar, rara vez para convertir, porque el diseño es el mismo que el de otros miles y los textos suelen ser los de la plantilla apenas retocados. De 800 € a 3.000 €: es el rango donde vive la web profesional de un autónomo o de un negocio de servicios. Diseño propio, textos trabajados con tus palabras, SEO básico bien hecho, avisos legales en regla y un móvil impecable, que es por donde entra buena parte de tu gente. Más de 3.000 €: proyectos con funcionalidades a medida, reservas complejas, área de cliente, catálogos grandes o varios idiomas. Ojo con los dos extremos. Lo gratis no sale gratis: se paga en horas tuyas, en una plantilla que no puedes tocar justo donde importa y, muchas veces, en una suscripción de la que no puedes sacar tu web el día que te vas. Y lo carísimo tampoco garantiza clientes: un proyecto caro mal enfocado convierte peor que uno modesto que responde a las cuatro preguntas que trae tu cliente en la cabeza.

Rango orientativoQué suele incluirA quién le encaja
0 €Constructor gratuito con publicidad y subdominio, montado por tiProbar una idea sin prisa, cuando no dependes de la web para vender
Hasta 500 €Plantilla ya hecha, textos y fotos por tu cuenta, poco margen de cambioQuien solo necesita una dirección a la que enviar a la gente
De 800 € a 3.000 €Diseño propio, textos trabajados, SEO básico, móvil cuidado, formularios y avisos legalesAutónomos y negocios de servicios que quieren que la web traiga contactos
Más de 3.000 €Funciones a medida: reservas, área de cliente, tienda, varios idiomas, integracionesNegocios donde la web es parte de la operativa, no un escaparate

Qué encarece un presupuesto de verdad

Cuando dos presupuestos se separan por más de mil euros casi nunca es por el diseño, es por cinco variables que rara vez se leen con atención. La primera es el número de páginas: una portada con contacto no es lo mismo que seis páginas de servicio, cada una escrita para su búsqueda concreta. La segunda, y la más subestimada, son los textos. Escribir una página que se entienda y que además use las palabras que teclea tu cliente lleva horas de entrevista y de reescritura; si los pones tú, el presupuesto baja de golpe, pero tienes que ponerlos de verdad, no dos párrafos improvisados el día antes de publicar. La tercera son las fotos: las tuyas siempre ganan y el banco de imágenes se nota. La cuarta son las funcionalidades, que se presupuestan aparte del diseño porque son proyectos dentro del proyecto. Y la quinta es el punto de partida: empezar de cero, migrar una web antigua o rescatar contenidos dispersos no cuestan lo mismo. Si no tienes claro cuánto de esto necesita tu caso, empieza por qué tiene que tener de verdad la web de un autónomo y descarta lo que no te aplique.

  • Número de páginas: una portada con contacto y seis páginas de servicio son proyectos distintos, aunque las dos sean «una web»
  • Quién escribe los textos: si los redactas tú el precio baja; si los escriben ellos, hay entrevistas y reescrituras dentro
  • De dónde salen las fotos: fotos tuyas, sesión encargada o banco de imágenes cambian el resultado tanto como la cifra
  • Funcionalidades: reserva con calendario, pagos, área de cliente, tienda o varios idiomas van aparte del diseño
  • Punto de partida: empezar de cero, migrar una web antigua o recuperar contenidos viejos no cuestan lo mismo
  • Plazo: una entrega urgente reordena la agenda de quien la hace y eso siempre se paga

El coste anual: lo que vale tener la web viva

El precio de hacerla es un pago; tenerla viva es una cuota anual que conviene conocer antes de firmar. Para una web normal de negocio, dominio y alojamiento se mueven entre 100 € y 400 € al año, y ahí acaba lo que casi todo el mundo tiene en la cabeza. Lo que suele faltar en la previsión es el resto: las copias de seguridad, las actualizaciones de la base sobre la que está hecha, el certificado si no viene incluido, el correo con tu propio dominio y, sobre todo, los cambios. Porque los va a haber: cambia un horario, sube un precio, aparece un servicio nuevo, se estropea un formulario. Conviene saber de antemano quién los hace, cuánto tarda y cuánto cuesta cada uno. Hay una partida más que no es opcional y que muchos presupuestos ignoran: los textos legales. La Ley 34/2002 obliga a poner a disposición del visitante, de forma permanente, fácil, directa y gratuita, tu nombre o denominación, tu domicilio, un correo de contacto directo y tu NIF, además de los datos de colegiación si ejerces una profesión colegiada. No es papeleo decorativo: es lo que mira quien está decidiendo si te confía un trabajo. Cuando planteamos un proyecto de diseño web para autónomos y negocios de servicios esta cuenta va desde el principio, porque el año dos es el que decide si la web sigue siendo útil o se queda congelada.

Pago único o cuota mensual: qué cambia de verdad

Los dos modelos son legítimos y ninguno es una trampa por sí mismo. En el pago único abonas el proyecto y a partir de ahí solo pagas dominio, alojamiento y lo que encargues. En la cuota mensual pagas menos al principio y una cantidad fija cada mes que suele incluir alojamiento, mantenimiento y algunas horas de cambios. La diferencia de verdad no está en el importe, está en tres preguntas que hay que hacer por escrito. Qué pasa si dejo de pagar: si la web se apaga, no has comprado una web, has contratado un servicio, y eso puede estar perfectamente bien siempre que lo sepas antes. A nombre de quién queda el dominio: tiene que ser el tuyo, sin matices, porque es la dirección de tu negocio. Y si puedes llevarte la web: archivos, textos y fotos, en un formato que otro pueda retomar. La segunda comprobación es qué incluye exactamente la cuota. «Mantenimiento» es la palabra más elástica del sector y puede significar desde vigilar que la web esté encendida hasta rehacerte una página cada trimestre. Pide el detalle: cuántas horas de cambios al mes, en cuánto tiempo responden, si entran las copias de seguridad y las actualizaciones, y qué se factura aparte.

Cómo comparar dos presupuestos que parecen iguales

Dos presupuestos con la misma cifra final pueden esconder trabajos completamente distintos, así que la comparación empieza por lo aburrido: si el precio lleva IVA. El tipo general en España es del 21 %, de modo que la misma cantidad con y sin impuestos se lleva una quinta parte de diferencia. Después vienen las preguntas que ponen los dos presupuestos en el mismo plano: cuántas páginas exactamente, quién escribe los textos, de dónde salen las fotos, qué pasa el día después de la entrega y a nombre de quién queda el dominio. Con esas cinco respuestas delante, casi siempre uno de los dos deja de parecer barato. Hay señales que no fallan de un presupuesto poco serio: una sola línea sin desglose, un plazo sin fecha, prometer una posición concreta en Google, cobrar el total por adelantado sin enseñar nada y registrar el dominio a nombre del proveedor. Ninguna te obliga a descartarlo, pero todas obligan a preguntar. Si quieres llevar la conversación preparada, tienes las preguntas ordenadas en el checklist antes de encargar tu web. Nosotros lo resolvemos por otra vía: te enseñamos tu web ya terminada, gratis, y solo si te convence hablamos de dinero. Si tu negocio está en Madrid, tienes todo el detalle en nuestra página de diseño web en Madrid.

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